emociones que ocultan sentimientos

Ambos se destruyeron el uno al otro aquella noche.
Se gritaron palabras envenenadas y llenas de tinta magnética sin darse cuenta, ya que en el fondo querían que esa tinta los empujara a unirse como los dos polos opuestos de un imán.
Se dijeron lo mucho que se odiaban mientras pensaban lo mucho que se querían, llegando a ser como dos en uno por unos instantes.
Y, a las doce treinta y siete, se echaron a llorar en el mismo segundo como dos bombas atómicas sincronizadas para explotar a la par, aunque lejos una de la otra, puesto que el orgullo de ambos les impedia mirarse a los ojos si de ellos manaban rios compuestos de 0,01 % agua y 99,99 sentimientos.

Pero, sobre todo, lo que más brilló aquella noche fue el instante en el que lo que sentían fue mas fuerte que su orgullo, y salieron corriendo, impulsados por la tinta magnética, a encontrarse una vez más con lágrimas en los ojos y palabras de perdón en la boca (aunque no las necesitaron, porque cuando hicieron tocar sus angulos de visión, Alex perdonó a Max, y Max perdonó a Alex sin necesitar que su mente lo pensara siquiera).

Y, cuando el reloj dio las 2, Alex se olvidó de ser Alex, y Max de ser Max... y fueron como el aceite que se volvió miscible en agua.

2 comentarios:

  1. Y una lágrima calló por mi mejilla.

    Lo adoré.

    Saludos,

    Annabell.

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